Fotograma de La La Land en el que los protagonistas se encuentran frente a una pantalla de cine

Este artículo fue publicado originalmente en Pompeunomics.

El lunes después de los Oscars decidí ir al cine a ver Moonlight. Seguramente porque me interesa el tema de la sexualidad en el cine y probablemente influenciado por el error fatal de la noche anterior. De lo que estoy seguro es de que decidí ver Moonlight porque no me podía creer que La La Landuna de las mejores películas que he visto en mucho tiempo, no hubiese ganado.

Aquí es donde surge la polémica. No son pocas las voces que no han dudado en afirmar que este largometraje está sobrevalorado. Sin embargo, para mí es brillante. Si la película se visualiza como un musical romántico más podemos estar de acuerdo en que no es para tanto. No obstante, si miramos La La Landen toda su complejidad y profundidad no cabe duda de que estamos ante un acontecimiento revolucionario. La película idealiza el amor líquido de Bauman, constituyéndose así como una “oda al amor descartable”, al amor efímero característico de la modernidad líquida que seguro que algún columnista tardará poco en llamar “posamor”.

El problema surge aquí. ¿Es esta falta de profundidad a la hora de consumir contenido fruto de la no existencia de una correcta educación mediática? ¿Están los adolescentes de hoy en día preparados para enfrentarse al mundo audiovisual que reina en la sociedad del espectáculo?

Los chicos y chicas de la ESO cada vez prestan menos atención a El Lazarillo de Tormes (si es que alguna vez se la han prestado) y se interesan más por la vida de El Rubius. Nuestro sistema educativo, por el contrario, sigue manteniendo la idea de que leer El Lazarillo de Tormes o El Quijote es bueno de por sí y en lugar de explorar formas más efectivas de conocer y reflexionar sobre esas narrativas, consigue que dichos libros sigan pasando intactos de generación en generación.

De todas formas, el inconveniente que quiero señalar no es este, sino que los adolescentes están consumiendo (y produciendo) horas y horas de contenido audiovisual sin que nadie les esté acompañando en este proceso y sin que se les esté potenciando una mirada crítica sobre lo que ven. Además, la ficción audiovisual se produce a partir de varios engaños de los que muchas veces ni si quiera somos conscientes.

Las imágenes no son la realidad

Gran parte de este contenido audiovisual está formado por imágenes. En nuestra cultura occidental, entendemos que las imágenes son las cosas, es decir, somos capaces de señalar en un álbum familiar una foto y decir “esta es mi madre”. Aceptamos que la apariencia de las cosas, son las cosas. Con un acceso cada vez mayor a millones de imágenes en Instagram o Facebook, existe el riesgo de que si no se desarrolla un pensamiento crítico nos convirtamos en una sociedad completamente superficial. A lo que me refiero es a que la idea de “maternidad”, por ejemplo, se puede representar desde muchos puntos de vista y cuando decidimos tomar una fotografía estamos escogiendo solo uno: su apariencia. Esta idea de selección de una característica de los objetos para representarlos es lo que Pierce denominó “fundamento”.

Es necesario, por lo tanto, que el sistema educativo haga que los más jóvenes tengan acceso a otro tipo de imágenes que en las redes sociales no pueden ver. Solo así desarrollarán un pensamiento crítico ante la imagen.

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“La maternidad” de Fernando Botero

La fábrica de realidades

El relato audiovisual complica esta situación todavía más. La ficción audiovisual se nos presenta, al igual que la imagen fija, como “la realidad”. Sin embargo, nos muestra una representación de la realidad que se corresponde con un punto de vista particular. A partir de aquí, todos los elementos del lenguaje audiovisual se combinan para fabricar esta mirada concreta (Aguilar, 2015). Este complejo mecanismo puede hacer que una escena de violencia nos pueda parecer cómica (como en Reservoir Dogs) o que una violación nos pueda parecer justificada (como en la reciente Elle de Verhoeven o en Juego de Tronos).

Si no educamos a adolescentes y niños para que desarrollen una lectura crítica del cine o de las series que ven, estos contenidos pueden acabar influyendo en la construcción de su propia identidad, en cómo ellos y ellas interpretan la propia realidad. Sin dicha mirada crítica pueden acabar aceptando, por ejemplo, que los hombres son los protagonistas de las historias que son dignas de ser contadas y que la mujer siempre debe permanecer en un segundo plano como pasa en la mayoría de películas de Hollywood.

La educomunicación se hace necesaria

En un escenario en el que convergen todas estas reflexiones, aunque solo he desarrollado dos en este artículo, se hace evidente la necesidad de una educomunicación: de una pedagogía de la comunicación, educación mediática o media literacy en el mundo anglosajón. La escuela se ha centrado en educar para la comprensión y utilización del lenguaje escrito, pero ha dejado de lado el lenguaje visual.

La educomunicación, pretende ir un paso más allá. Se origina en Latinoamérica a partir de las sinergias entre educación y comunicación y su objetivo es la formación de un sentido crítico frente a la comunicación y a los mensajes que surgen de esta. Para ello, propone varias reformas del modelo educativo. Es decir, no se trata solo de introducir tecnologías como el Power Point o los vídeos en el aula, sino de cambiar el proceso de aprendizaje. Se basa en la pedagogía crítica de Paulo Freire para proponer un tipo de educación en el que no sea el profesor el que transmita información al alumno de forma lineal. Es, según la educomunicación, a través del diálogo y la participación como se debe construir el conocimiento. Este hecho cobra especial interés en un paradigma en el que los alumnos saben más que los maestros sobre el mundo digital. Estamos ante una oportunidad perfecta para poner en práctica este diálogo capaz de generar aprendizaje por ambas partes.

Por tanto, no estamos empezando desde cero. En España, la educomunicación se ha desarrollado ya como disciplina académica. Actualmente, podemos encontrar un amplio abanico de proyectos que se han llevado a cabo en las aulas aplicando esta visión de la educación. Tenemos, por ejemplo, el caso del colegio Erain Ikastetxea, con diferentes vídeos y proyectos realizados por los propios alumnos que les permiten ser conscientes de los mecanismos del lenguaje visual y utilizarlos para crear sus propios contenidos educativos.

En resumidas cuentas, es necesario comenzar a trabajar ya en el aula desde una perspectiva de educomunicación o alfabetismo mediático. Por un lado, introduciendo cambios en el sistema educativo que apunten hacia la creatividad, la participación y el diálogo entre alumnos y profesor. Por otro, tenemos que comenzar a desarrollar un pensamiento crítico visualintentando que los niños y adolescentes reflexionen sobre los contenidos que consumen e incluso ellos mismos producen en su día a día. Esta visión crítica que aporta la educomunicación debería estar en el centro de la próxima reforma educativa. En paralelo a esta tarea de crítica, se deben producir nuevos contenidos tanto dentro como fuera del aula que ayuden a construir nuevas miradas del mundo que nos rodea tal y como hace, por ejemplo, La La Land.

Referencias:

Aguilar, P. (2015). La ficción audiovisual como instrumento de educación sentimental en la Modernidad. En Mujeres, hombres, poder (25–50). Madrid: Traficantes de sueños.

Aparici, R. (coord.) (2010). Educomunicación: más allá del 2.0. Barcelona: Gedisa.

Debord, G. (1967). La sociedad del espectáculo. Valencia: Pretextos.

Fernández, R., Flores, M., López, A. & Múñoz, S. (2012). Youtube y su aplicación en el aula: el vídeo como elemento didáctico. Marzo 1, 2017, de Universidad de Alicante. Sitio web: https://es.slideshare.net/silviamunozcuello/you-tube-y-el-vdeo-como-herramienta-educativa

Gorodischer, J. (2017). La La Land. Oda al amor descartable. Marzo, 1, 2017, de Revista Anfibia. Sitio web: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/la-la-land-oda-al-amor-descartable/