Black Mirror 3×03, San Junipero. Imagen de IMDb.

Un avión es uno de los mejores lugares que se me ocurren para reflexionarcon cierta profundidad. Sin Wifi, sin datos y sin interrupciones o notificaciones concentrarse en algo concreto se hace más fácil. Este post nace precisamente de un momento como el descrito. Antes de ayer, entre el último capítulo de Black Mirror y unas cuantas páginas de un libro sobre la conversión digital del New York Times, utilicé una de las varias horas de un vuelo a Barcelona para esbozar este artículo.

Si tuviese que destacar una de las tendencias más evidentes en la ficción audiovisual de este año 2016, me quedaría sin duda con la nostalgia. Este ha sido un año en el que tanto la televisión como el cine han decidido echar la vista atrás, unas veces con proyectos muy interesantes y otras como resultado de una evidente falta de ideas.

Podríamos en este aspecto hacer una división entre dos corrientes claras del trabajo de la nostalgia: el remake y utilizarla como base para un crear algo nuevo. Este verano ha sido una época llena de remakes como la muy polémica Cazafantasmas (al haber optado por protagonistas femeninas) y una nueva versión de Ben-Hur. Sinceramente, la opción remake me parece un síntoma de la falta de creatividad de la industria (en su vertiente mainstream): se busca que aquellos que vieron las películas originales vayan al cine a ver las nuevas y, si es posible, arrastren a gente de mi generación. Sin embargo, la nostalgiatambién ha estado muy presente en muchos otros proyectos este año que, desde mi punto de vista, la ponen en juego de formas mucho más inteligentes.

El gran ejemplo: Stranger Things.

Stranger Things ha sido sin duda la serie del verano. Producida por Netflix y creada por los hermanos Duffer, ha conseguido hacerse un hueco en una estación en la que cada vez es más difícil competir para las series. Durante ocho capítulos, seguimos la historia de la desaparición de un niño en la ciudad de Hawkings en el año 1983. A priori puede parecernos la típica historia de una pandilla de amigos de las películas de los ochenta: ¿en serio los niños tienen unos roles tan marcados?, ¿de verdad vamos a tener que soportar a la hermana de Mike, Nancy, durante ocho capítulos? Una vez superado el piloto, tuve claro que había juzgado demasiado rápido la serie. Todos los personajes, a pesar de tirar de algunos tópicos, se desarrollan de forma espectacular. Las interpretaciones tanto de los chicos como de Winona Ryder hacen que nos metamos en la trama. Al final, terminé cogiéndole cariño a Nancy (¡y hasta a Steve!). Toda esta narrativa está acompañada de una estética lograda que es precisamente lo que hace que Stranger Things no sea una utilización barata de la nostalgia (las referencias visuales de la serie están comentadas más abajo en el post). En definitiva, esta serie enamora tanto si viviste tu juventud en los ochenta como si no porque es que, al fin y al cabo, no se trabaja el recuerdo de esa época, sino la añoranza hacia la producción cinematográfica de esa década.

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Imagen de Netflix

En España: OT el reencuentro.

Esta semana hemos asistido al epílogo del gran bestseller que lleva unas semanas intentando escribir RTVE. Es otro ejemplo de cómo se están intentando rentabilizar los sentimientos de una generación. El experimento estuvo compuesto por tres capítulos y un final a modo de concierto la noche de Halloween. Si Stranger Things me parecía casi brillante, OT el reencuentro creo que roza lo patético. Durante varias semanas hemos asistido a un show que hacía más hincapié en buscar el morbo que en la propia propuesta musical. El programa, más que intentar jugar con la morriña de la generación OT era un intento desesperado de RTVE por salvar sus datos de audiencia y llamar la atención de un público que hace tiempo que abandonó la cadena. El intento o no intento de beso de David Bisbal y Chenoa, y la lamentable repercusión que ha tenido en diferentes medios, creo que es el perfecto resumen de lo que Fernando Navarro denominó Operación Fracaso.

 

Guiños constantes

Sin ser series que lleven la nostalgia en su ADN, me ha sorprendido ver durante este verano e inicio de curso varios ejemplos en los que se incluían guiños o referencias al pasado cercano. Me viene a la mente el caso de Mr. Robot que en el sexto capítulo de la segunda temporada realiza una clara referencia a las sitcoms de los 90. La justificación dentro de la serie (este opening se nos presenta como una evasión más de Elliot) no me parece suficiente para incluir un guiño a la generación millenial que se prolonga bastante. Evidentemente, es una maniobra correcta para conseguir que el espectador se sienta de alguna forma partícipe de la serie. El mensaje es claro: te conozco como espectador y no me importa que lo sepas y que disfrutes con ello. Personalmente, me gustó esta (una de muchas) apelación de Sam Esmail.

Al comienzo del post, mencionaba la nueva temporada de Black Mirror(ahora producida también por Netflix). En el capítulo que lleva por título “San Junipero” vemos muchas referencias a los ochenta, e incluso a otras décadas. En este caso, la nostalgia en el capítulo me parece muy bien trabajada y mucho menos gratuita que en Mr. Robot. Quizá esté sobrevalorado como capítulo individual, pero es cierto que visualmente es de lo mejor de la tercera temporada, en mi opinión solo por detrás de “Shut up and dance” y “Nosedive”.

Otros ejemplos

Hay otras dos series que me han llevado a escribir un artículo como este. Como todavía no las he visto enteras, he decidido dedicarles un punto a ambas, pero su apelación a la nostalgia es igual de evidente que en los otros casos. En primer lugar, tenemos Vinyl un ambicioso proyecto de la HBO, creado por Mick Jagger y Martin Scorsese entre otros. Se trata de una serie que profundiza en la industria musical de los años setenta en EEUU, pero que terminó quedándose con solo una temporada y siendo cancelada por la cadena.

The Get Down es otra serie de Netflix (prometo que no tengo ninguna relación con la compañía) que se ambienta en el Bronx de finales de los años setenta y recorre la historia del rap y el hip hop. El creador de la serie es el conocido director de cine Baz Luhrmann (películas como El Gran Gatsby y Australia) y contaba con Jaden Smith en el reparto. Estos no fueron suficientes motivos para que la serie despegara. Ha pasado algo desapercibida, y además ha tenido un enorme sobrecoste para la plataforma.

Explicar por qué series de esta envergadura “fracasan” es bastante difícil. Quizá influyó el hecho de que los creadores de ambas, Martin Scorsese y Baz Luhrmann, solo dirigen los episodios piloto. Estos primeros episodios, además, se alargan hasta la hora y media en el caso de The Get Down y casi las dos horas en el caso de Vinyl. Esto puede haber hecho que muchos espectadores se quedaran con la sensación de que con el primer episodio bastaba y es que, probablemente, dos horas y directores como los mencionados eran suficientes para abordar una temática como la música durante los años setenta.

Bonus track: la intertextualidad como protagonista.

Una de las primeras conclusiones que podemos sacar, es que en el trabajo de la nostalgia la intertextualidad va a jugar un papel clave. La intertextualidad es la relación que un texto (entendamos como texto un conjunto de signos: desde un discurso, hasta un libro o una película) mantiene con otros textos. Me gusta mucho cómo Umberto Eco lo explica en El nombre de la rosa a través de una conversación entre Guillermo y Adso:

– […] Los libros suelen hablar de otros libros. A menudo, un libro inofensivo es como una simiente, que al florecer dará un libro peligroso, o viceversa, es el fruto dulce de una raíz amarga. […]

De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí.

En muchos proyectos audiovisuales, la intertextualidad está muy presente o incluso es lo que da sentido a la obra como vemos en el cine de Tarantino o en Los Simpson. En las ficciones que recurren a la nostalgia esta está presente, sobre todo, en forma de referencias visuales. Lo que me resulta curioso es que estas referencias son utilizadas por las productoras como una forma más de publicitar sus series y de apelar al espectador.

Lo único que nos queda es ver si en lo que falta de año la nostalgia sigue tan presente en el cine y la televisión.