Ha llegado el final. 73 capítulos. 3 días consecutivos de nuestras vidas que hemos pasado en compañía de Juego de Tronos. Es una de las mejores series de la historia de la televisión y el fenómeno que ha generado será discutido y analizado durante años. Yo me he quedado muy contento con el final de la serie y con lo que ha representado Juego de Tronos: una especie de Ítaca contemporánea. Lo importante no era el final, sino el camino. 

1) El fandom se hace mainstream. Una afirmación demasiado categórica pero que creo que resume bastante bien lo que hemos vivido con esta serie. Hace unos años, el fenónemo fan no era algo mayoritario. No veíamos tantos debates, tanto contenido generado por los usuarios, tantas fanfictions y fanpics. El fandom fue creciendo con series como Lost o el Ministerio del Tiempo en España, pero lo de Juego de Tronos ha sido otra cosa: prácticamente todos los seguidores de la serie compartían memes, teorías sobre el final en sus redes sociales, finales alternativos…

2) La comunidad. GoT ha generado una comunidad tan amplia como el mundo entero. Es una exageración, evidentemente, pero los que además de seguir la serie como fans lo hacíamos con la mirada de análisis creo que no encontraremos un caso igual en mucho tiempo. Más allá de las familias y amigos que se reunían para ver la serie, quiero destacar el papel de la comunidad digital. Nos hemos sentido como parte de una gran familia como explicaba Alberto Rey (crítico de series para El Mundo y otros) en este hilo de tuits. Creo que pudimos sentir al seguir las últimas temporadas de GoT que formábamos parte de algo mayor que nosotros, algo en lo que participábamos en igualdad de condiciones con la Abuela de Dragones o con Jessica Chastain.

3) Los críticos de televisión. Con este tema me refiero a que Juego de Tronos es una de las series que ha desencadenado la profesionalización de muchos críticos de televisión en España como explica Natalia Marcos (periodista de televisión para El País) en este hilo de tuits. Hay cada vez más personas que se dedican profesionalmente a analizar e informar sobre series y programas de televisión en este país. Esto culturalmente creo que es muy positivo. Significa que como sociedad no solo estamos consumiendo contenido y entretenimiento sino que estamos reflexionando a partir y acerca de lo que vemos. Espectadores cada vez más críticos, más informados, más exigentes.

4) HBO volviendo a sus orígenes. HBO ha utilizado en el siglo XXI la misma fórmula que en la segunda ola de la televisión en los 70: mostrar el sexo y la violencia que las cadenas generalistas no se podían permitir mostrar. “El cable” ha pasado a ser una nube a la que nos conectamos desde cualquier dispositivo pero la fórmula mágica es similar. La televisión ha evolucionado a un ritmo acelerado; nosotros, no tanto. ¿Estamos ante no una tercera sino ya una cuarta era dorada de la televisión?

5) El espejo negro del que habla Carrión. La mirada de Jorge Carrión siempre es interesante. En esta ocasión, la considero especialmente afinada y por esto la destaco aquí. Nos dice Carrión en su artículo para el New York Times: “Si tuviera que escoger una única imagen de esta última temporada de Juego de tronos sería un primer plano del capítulo quinto: el de la cara magullada y cenicienta de Arya Stark, atravesada por diagonales de gris y de sangre, superviviente de la aniquilación de Desembarco del Rey. Su cara mirándome, superpuesta a la mía, en un juego de abismos, porque la fotografía oscura que ha caracterizado los seis episodios finales ha transformado por momentos la pantalla en un espejo negro.” Una maravillosa metáfora para describir lo que ha supuesto esta última temporada de GoT: un espejo negro en el que nos hemos visto reflejados. ¿No está este final hablando de nosotros mismos, de nuestra sociedad, de nuestras democracias? ¿No será acaso que la frustración que sentimos hacia la serie es la que, en realidad, deberíamos sentir frente a nuestra actualidad política?

6) El principio de una nueva forma de narrar. Este punto puede ser controvertido, sobre todo para los estudiosos de la ficción, porque Juego de Tronos no ha inventado nada nuevo. Bebe de la cultura clásica, de Shakespeare, del uso de la luz de Orson Welles, de los plot twists justificados por los pelos (o por Macguffins) de Hitchcock… Aún así, creo que GoT ha hecho algo que en cierta medida sí que es novedoso: ha priorizado el espectáculo por encima de la narratividad. Y, en mi opinión, lo ha hecho con éxito. Sí, es cierto que el relato a veces puede caer en ciertos descuidos o incongruencias pero, en realidad, Juego de Tronos nos llama a disfrutar de la frustración de nuestras espectativas y del espectáculo de la violencia, de la pasión, de la fantasía. La muerte de Ned Stark al final de la primera temporada es una curiosa revisión de Psicosis: de la pérdida del elemento de identificación del espectador al comienzo del relato cinematográfico. Una vez que perdimos a Ned, al Padre, nos quedamos a la intemperie, expuestos a una nueva forma de narrar. 

7) ¿Qué hacemos a partir de ahora? Y tras el espectáculo, la comunidad y el placer que nos ha traído Juego de Tronos: el más absoluto vacío. Me lo solía decir una profesora de Cine y televisión, Rosa Álvarez: “La cinefilia es un placer que se vive desde la más absoluta soledad”. No quiero ser pesimista pero la comunidad que ha generado Juego de Tronos creo que no será la norma. Espero equivocarme y que vivamos algún caso parecido. Ahora, siendo un poco más optimistas, no estamos ante el final sino construyendo entre todos el comienzo de esta cuarta era dorada de la televisión. Mientras tanto, podremos disfrutar de Big Little Lies o The Handmaid’s Tale dentro de poco, las dos series con las que HBO aspira a mantener su sello de calidad; con cualquiera de las series “para pasar el rato” en las que se está especializando Netflix, o por qué no revisitando a los clásicos para estar bien preparados para lo que viene.